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Hablemos de e-learning

La crisis en el empleo puede generar una “brecha de habilidades” que demandará estrategias pertinentes y oportunas para capacitar a quienes han perdido sus empleos y sus ingresos, dice nuevo documento de la serie #PanoramaLaboral de OIT. La formación profesional, al igual que las demás actividades educativas, ha recibido los impactos de la crisis COVID-19. Durante la peor parte, cerca de un 85% de los participantes en cursos y programas debieron continuar su formación a distancia.

Ello significó un enorme reto también para la gestión de los programas, para los docentes y para facilitar el acceso a conexión, medios y equipos digitales. Pero más allá de las consecuencias inmediatas y de la ágil respuesta de las instituciones de formación en la región, se vislumbran ya las nuevas configuraciones en el mundo del trabajo y de la formación.

A la salida de este periodo se estarán reconfigurando muchas ocupaciones y se conocerán nuevos planes y estrategias para impulsar el desarrollo productivo. La demanda por nuevas habilidades crecerá y se requerirán programas para reconvertir, recalificar y reinsertar trabajadores en las nuevas actividades. Allí la formación profesional enfrenta un nuevo desafío para responder a esta rápida reconfiguración que tendrá lugar y será también impulsada por las políticas de desarrollo productivo y transformación que acompañarán las nuevas demandas.

La rápida respuesta de las instituciones de formación permitió que en pocos días se estableciera una oferta de formación a distancia basada en Internet, que contribuyó a contener las pérdidas en capital humano y acumulación de competencias. De ahí surgió la necesidad de formar y recalificar a los docentes para asumir un rol de formadores a través de plataformas virtuales, y pronto se generó la preocupación y las respuestas para ayudar a los más vulnerables a no perder el ritmo o quedar excluidos de esta nueva opción de formación por falta de acceso a Internet o a un equipo informático adecuado, condiciones que en muchos casos son preexistentes a la crisis.

La formación profesional debe encarar el desafío de recalificar a los trabajadores que perdieron aquellos empleos que no volverán, pero también facilitar la transición para los que lleguen impulsados por las medidas de reconversión productiva e impulso a la recuperación.

ALGUNAS ACCIONES A TENER EN CUENTA:

  • Estimular la innovación y la digitalización en las Instituciones de formación profesional. Será necesario adoptar un enfoque amplio, que cubra todo el proceso de formación, para incorporar un grupo de medidas hacia la digitalización en las instituciones.
  • Incrementar la participación en las políticas activas de empleo e inclusión. Se requieren políticas activas de empleo que estimulen la generación de empleo por parte de las empresas y exploren nuevos arreglos en los que la capacitación juegue un rol importante.
  • Organizar mecanismos de inteligencia en el mercado de trabajo. Que incluyan la anticipación de las habilidades demandadas durante la recuperación, así como el uso de tecnologías innovadoras en el seguimiento y la observación del mercado de trabajo.

    FUENTE: Fernando Vargas. OIT/Cinterfor